Joaquín Berges

Mis libros

Deseos inconfesables, amores ocultos, una historia que alterna lo cómico con lo emotivo. 

Una primera novela sorprendente por su agilidad y frescura


Estructura narrativa

La novela tiene la misma estructura que una escalera de mano: dos historias ascienden en paralelo con unos cuantos travesaños entre ellas para que el lector pueda ascender y descender por ambas con toda comodidad. Los dos protagonistas masculinos (como los dos largueros paralelos de la escalera) son amigos íntimos, pero cada uno vive su experiencia de espaldas al otro. Ambos se entregan al deseo sexual y al amor platónico que sienten por dos mujeres muy distintas, teniendo que salvar las constantes dificultades que sus respectivas misiones les ocasionan. Una de las mujeres, Irene, asciende por la escalera desde el deterioro físico y la malnutrición hasta la belleza y la salud. La otra, Hortensia, emprende el itinerario contrario. Desciende desde la plenitud física y estética hacia la enfermedad. Ambas se cruzan en varios peldaños de la escalera, pero siguen su camino. Hay un momento en que la que asciende llega al final de la escalera y descubre con pavor que no hay más peldaños, lo que la conduce al vértigo de sus limitaciones físicas. La otra desciende tanto que abandona el presente y se sumerge en su atormentado pasado, un itinerario que pretende tanto la sanación de su enfermedad como la expiación de sus errores vitales. Es en ese momento extremo cuando la escalera se tuerce sobre sí misma, incapaz de soportar la presión que ambas mujeres ejercen desde sus extremos, y se convierte en una escalera de caracol. Todos los personajes principales de la novela –salvo uno- son prisioneros de alguien, permanecen encerrados en tres lugares distintos sin posibilidad de escapatoria. Su única opción de liberación depende del narrador. La trama se convierte en una colección de muñecas rusas encajables por orden de tamaño, una dentro de otra. Y su libertad depende de que el narrador logre encajar esas muñecas en ese determinado orden. De lo contrario la espiral de la escalera se cerraría tanto que acabaría desapareciendo en un punto de intensa fatalidad, absorbiendo la vida de todos ellos, como un agujero negro.



 

Personajes

Francho es un curioso caso de narciso fetichista, una combinación difícil de encontrar que lo convierte en un personaje irrepetible. Siente debilidad por la ropa interior femenina que conserva de la mercería que regentaba su madre pero, como no tiene ninguna posibilidad de verla expuesta sobre un cuerpo verdaderamente femenino, decide ponérsela él mismo y contemplarse en un espejo. ¿Patético? ¿Conmovedor? ¿Ambas cosas a la vez? 

Una noche Francho es confundido con otra persona en un calabozo y recibe un sobre dirigido a Koyak. Una persona normal se habría desembarazado de él, pero Francho es un cartero vocacional y busca a su destinatario para realizar la entrega con toda profesionalidad. Gracias a esta misión, conoce a Chelo y a Irene y se enreda en una peripecia vital y erótica que no habría podido imaginar ni en sueños.

 

El amigo de Francho es el dueño de una céntrica cafetería. Es astrónomo aficionado y melómano. Está acostumbrado a ver las estrellas y a escuchar la música de Bach pero sin intervenir en ninguno de los dos fenómenos. Ve y oye, pero no toca ni habla. Tiene la fortuna de que Hortensia, la compañera de trabajo de Francho, se aproxima a su órbita de relaciones cuando sufre una grave enfermedad. Eso le dará la oportunidad de relacionarse más íntimamente con ella, aunque no será sin pagar un alto precio por ello.

 

Hortensia es una mujer hermosa pero igualmente solitaria. Su familia la repudia sin paliativos. Esconde un pasado oscuro donde no falta un desengaño amoroso y una difícil y peculiar relación con su madre. Como una Scherezade reencarnada, irá contando con cuentagotas su historia al amigo de Francho, mientras éste vela por su salud, convertido en una especie de improvisado psicoanalista.

 

Chelo es una prostituta vieja. En otro tiempo su cuerpo fue hermoso y los hombres la deseaban. Ahora las cosas han cambiado, aunque todavía es lo suficientemente mujer para atraer a Francho, en especial el día que se pone la lencería adecuada. Su hija Irene está en manos de Koyak, lo cual provoca en Chelo sentimientos encontrados. Por un lado, agradece su protección y, por otro, teme su total ausencia de escrúpulos.

 

Irene es la hija de Chelo, una mujer joven y hermosa que ha sido consumida por la prostitución y las drogas. Malvive en uno de los pisos de su proxeneta y ha perdido la noción de su vida. Si Francho la encontrase la trataría como a una reina, pero sería con el fin de alimentar su incurable fetichismo.

 

Koyak es un proxeneta poderoso y temido en los bajos fondos de la ciudad, pero no se trata de un vulgar chulo de barrio sin más argumentos que la fuerza bruta. Koyak es un profesional con las ideas claras y la cuenta de resultados de su empresa siempre en la cabeza. Si tiene que recurrir a la violencia delega el caso en manos de sus subalternos.

 

El señor Valdivieso es el jefe de la oficina de Correos. Un sujeto eficaz y muy bien relacionado al que acude Francho cuando se encuentra en apuros.

 

Diego es el encargado de uno de los locales de Koyak. Motivado por las propinas de Francho, le ayudará a encontrar a Irene.

 Sandra es una hermosa prostituta que rebosa sensualidad y viste una lencería exquisita. No ejerce por las calles. Francho recibirá de ella una tentadora oferta difícil de rechazar.  



Macguffin

Es el Macguffin de la novela. Hitchcock acuñó este término para referirse al elemento que hace que los personajes avancen en la trama. Habitualmente no tiene importancia, es un mero recurso narrativo, pero en El Club de los Estrellados la información que contiene el sobre es esencial, aunque  para acceder a ella primero hay que abrirlo. Y un cartero vocacional y honrado como Francho nunca abriría un sobre que no estuviera dirigido a su nombre.