Joaquín Berges

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Huyendo de algo que no quiere confesar, Javier, un neurólogo maduro, viaja en coche rumbo a las montañas cuando, en la oscuridad de la noche, atropella a un jabalí que le destroza parte del vehículo. El accidente le obliga a quedarse varios días en Sinia, un pueblo levantado junto a un pantano en el Pirineo aragonés. Sin esperárselo, los vecinos le implicarán en un torneo de cartas y le brindarán su ayuda, especialmente Marina, una mujer enérgica y atractiva, que le ofrece además alojamiento en su casa. Javier no tarda en descubrir que, como otros en el lugar, ella arrastra una historia secreta que ocurrió en el pueblo antiguo sumergido bajo las aguas. Los nueve días que pasa en las montañas, entre personajes que han rehecho sus vidas, y con los que vivirá la emoción de la naturaleza y la intriga de las relaciones humanas, servirán para que Javier se enfrente a sus propios miedos y comprenda los de los demás. Y serán las aguas del pantano, reflejadas en el cielo, las que se conviertan en su horizonte invisible.


La naturaleza pirenaica

El hombre ha vivido siempre en la naturaleza. Es solo hace un par de siglos, muy poco desde el punto de vista antropológico, que se construyen las grandes ciudades y se pierde el contacto directo y diario con la naturaleza. Sin embargo, en el cerebro humano queda la impronta de todos esos años de comunión natural, de lucha por la supervivencia y de vida al aire libre. Por eso el humano urbano busca el campo, la playa o la montaña cada vez que puede. Es esa impronta que lleva en su cerebro la que lo conduce hacia la naturaleza.

 Cada uno puede buscar su escenario natural idóneo. Sirve cualquier paisaje, cualquier latitud, cualquier altitud. El Pirineo de la provincia de Huesca es mi escenario natural, el lugar en el que me reencuentro con la herencia de mi especie, me olvido de las pequeñas miserias del día a día y encuentro la motivación natural para saborear la vida. 

Ese mismo escenario sirve de ubicación para el pueblo de Sinia, lugar donde transcurre "La línea invisible del horizonte". Se trata de un pueblo ficticio, construido junto a un pantano, cerca de dos grandes peñas. Un paraíso situado cerca de Ainsa y Boltaña, en plena comarca del Sobrabe. Javier, el protagonista de la novela, llegará allí casi por casualidad y pasará nueve días entre las montañas. Será el tiempo suficiente para que aprenda a encarar sus miedos. Serán nueve días inolvidables.



El juego de cartas

El juego forma parte de la vida. O quizá la vida sea un inmenso juego que practicamos día a día sobre el tablero de nuestra existencia. O ambas cosas. Cuando Javier llega a Sinia se está disputando la fase final del campeonato comarcal de guiñote, el juego de cartas más popular de Aragón que puede jugarse mano a mano o por parejas.

 Marina se ha quedado sin pareja y le pregunta a Javier si sabe jugar. Javier responde aturdido. Hace tiempo que no juega, pero también hace tiempo que no se encuentra con nadie tan persuasivo como Marina, así que acepta ser su pareja en el juego.

Así comienza "La línea invisible del horizonte", como un juego. Gracias a él se rompe el hielo entre Javier y los habitantes de Sinia. Gracias aél se crea una corriente de camaradería entre Marina y Javier. Gracias a él Javier llega a conocer al viejo Sebastián, una figura paterna y serena que lo reconforta a lo largo de toda la novela y le presenta a los dos únicos habitantes no humanos de Sinia que tienen nombre: Clotilde y Bonifacio.