Joaquín Berges

Mis libros

Ricardo Marco, subdirector de unos grandes almacenes, disfruta de un alto nivel de vida, pero desde hace un tiempo siente que ha renunciado a demasiadas cosas para conseguirlo y cada vez se reconoce menos en las personas de su entorno. Ese malestar se acentúa cuando recibe el comunicado de su prejubilación, y cuando su mujer, directora de una revista de decoración, se empeña en que compren sobre plano una lujosa residencia en las afueras, cuyo interior se encargará de diseñar personalmente. Cuando un día Ricardo se adentre en el mercadillo que se instala todas las semanas cerca de sus oficinas para reclamar una venta ilegal de algunas prendas, se topará con una enigmática y hermosa joven que regenta uno de los tenderetes junto a su familia. Ricardo volverá repetidamente por allí para averiguar quiénes son los que la rodean, sin sospechar que en ese mundo y entre esos tipos pintorescos tal vez encuentre un inesperado refugio, una tabla de salvación.


 

¿Un estado del bienestar?

Siempre hemos creído en la bondad del llamado "estado del bienestar", un paternalismo típicamente occidental basado en la suposición de que el sistema cubre nuestras necesidades siempre y cuando sigamos sus reglas y dictados. Pero ¿es eso realmente el bienestar? ¿Puede un sistema socioeconómico satisfacer las necesidades primarias de un cerebro tan antiguo como el nuestro, acostumbrado durante miles de años a luchar por la supervivencia? 

Ricardo Marco, el protagonista de "Un estado del malestar" descubrirá que el estado del bienestar le provoca un tremendo malestar. Y esa paradoja lo conducirá a un mundo nuevo para él, el del mercadillo que se monta regularmente cerca de los grandes almacenes donde él trabaja. Allí descubrirá que el bienestar no tiene nada que ver con los servicios y los bienes, sino con las relaciones humanas, el deseo y la vida compartida junto a los demás.