Joaquín Berges

Mis libros


«¿Recuerdas tu casa?», pregunta Paula a su madre, Celia, recién salida del hospital, ante la puerta de su domicilio. Tras dudar un momento, su madre contesta: «Recuerdo una casa, pero no es esta.» 

Así arranca Una sola palabra, la historia de una convalecencia en la que Celia intentará rehabilitarse y volver a la normalidad después de haber estado en coma por culpa de un ictus y haber despertado con una amnesia selectiva. También es la historia de un redescubrimiento, el de sus hábitos y su entorno, a partir del cual tendrá que reconstruir el mundo en que ha vivido, conocer a quienes la rodean y, en definitiva, descubrir quién fue ella, dado que ahora se siente otra persona. 

Periodista, divorciada con dos hijos, una nieta, un perro fiel y una asistenta centroamericana, Celia tiene algunos recuerdos plácidos y muchos vacíos que teme llenar de acontecimientos desgraciados. Con la apremiante necesidad de reconstruir su biografía y encontrar la contraseña que le permita abrir sus escritos, una «sola palabra» que será clave, Celia viajará con su hija a su casa en la playa, a Zaragoza, al pueblo donde pasó su infancia o a París, donde sabe que hace tiempo fue feliz.